jueves, 26 de abril de 2012

La verdad sobre Alberto (capítulo II)

    Mmmm... Me parece que esta entrada no está nada clara (bueno, se lo parece a cierto lector muy exigente y cuyas opiniones tengo en gran estima), así que voy a poneros en situación: mi suegra Anastasia ha decidido casarse con un tipo que se ha sacado de la manga, Alberto, justo cuando su hijo JC, que es mi novio (de ahí que Anestesia sea mi suegra) me pide que me case con él, libremente y sin ningún tipo de presión (ejem...). Lo malo es que Alberto tiene un lío con otra(s)... Mmmm..., no, eso no es malo; en realidad eso me da lo mismo. Lo malo es que me he enterado y tengo que decírselo a Anestesia. 

   ¿Qué por qué no me lo callo? Porque también lo sabe JC, y... ¡Yo qué sé! Porque estoy pirada, supongo :-))))

 

 

     —¡Tú estás tonta! —exclama mi hermana Sofi desde el probador de Zara.
    —¡Oye!
    —¡Oye nada! Coge la foto de Alberto con la otra mujer y restriégasela a tu suegra. Anda que si yo tuviese esa oportunidad…  ¿Qué opinas?
    —Pse, prefiero el pantalón verde menta.
    —¿En serio? —mi hermana se mira en el espejo con ojo crítico—. ¿Mejor que éste rosa?
    —Verde menta, sin duda; el rosa chicle será el verde menta del año que viene. Pero este verano, verde menta —afirmo con seguridad.
    —No sé…
    —Por Dios, Sofi, ¿qué revistas lees últimamente? —juro que como diga el Pronto le retiro el saludo.
    —Ninguna —y contempla su reflejo en el espejo—. Me llevo los rosas.
    —Tú verás, pero recuerda: verde menta.
    Se cierra la cortina del probador con ligera brusquedad y yo vuelvo a sacar la foto del novio de mi suegra del bolso.
    —¿Y qué dice JC? —pregunta mi hermana desde el otro lado.
    —Que le va a partir la cara.
    —No, en serio.
    —¡Es en serio! Y a mí también me dan ganas de darle una bofetada. ¿Te imaginas a Anestesia casada de nuevo? —joooo, ya la veía de viaje, pasando meses enteros en el extranjero, dedicándose por completo a Alberto y olvidándose de JC y de mí… ¡Y el tío se lía con otra! Y encima voy yo y me entero, con lo feliz que se vive en la ignorancia… ¿Dónde está mi suerte cuando más la necesito? ¿¿¿Dónde???
    Se abre de nuevo la cortina del probador y sale mi hermana con los dos pantalones en el brazo.
    —¡Tú estás tonta! —le deja a la dependienta los de color verde menta y sentencia:— Pero tonta, tonta, tonta.
    —¡Sofi! —¡que manía!—. ¿Qué quieres que haga? ¡No puedo ensuciar mi aura con energía chunga justo antes de mi boda, que fijo que tiene consecuencias! ¿Pretendes que me caiga, o que llueva o yo qué sé? ¡No me puedo arriesgar!
    —¿Eso te lo ha dicho mamá?
    Mmmm…
    —No, eso me lo dice el sentido común —¡pues claro que me lo ha dicho mi madre! Ya, ya sé que está como una cabra, pero para qué engañarnos: llevo sus genes y me ha entrado una paranoia de lo más rara…
    —Lili, no puedes dejarle la foto a Anestesia en el buzón en plan anónimo y perderte la expresión de su cara.
    Si que puedo y es justo lo que voy a hacer. No es momento de tener problemas con el karma.

                                                                          * * *

     Al final resultó que mi hermana Sofi tenía razón: no pude dejar la prueba de la verdad sobre Alberto en el buzón de casa de mi suegra. La culpa fue del portero, que parecía un agente de la CIA y no abandonó su puesto ni un instante (no, ni siquiera para ir al baño; no me preguntes cómo lo hace, que prefiero no saberlo) (mmmm…, ¿cómo los ciclistas, tal vez?) (o puede que el gremio reciba un entrenamiento especial en ese aspecto) (¡vaya, cuando llegue a la agencia tengo que mirarlo en Google, que…
    ¿Cómo dices?
    No…, tampoco se la di en persona. Ya sabes, el tema del karma y eso… Mi madre me está volviendo loca; su maestro yogui, que ahora es también mi orientador espiritual (en contra de mi voluntad), le ha dicho que me diga que…
    Sí, llevas razón, mejor voy al grano: cómo lo hice.
    Obvio: se la envié por correo. Sin remitente. Una jugada maestra (lástima que no se me ocurriese antes de pasarme cinco horas el sábado haciendo guardia en el portal)
    —Tiene que estar destrozada —me ha dicho JC esta mañana—. No sé nada de ella desde hace cinco días y ni siquiera me coge el teléfono.
    —No puedo creer que no se la dieses tú, Lili. Estás tonta —sí, lo has adivinado: este comentario procede de mi hermana Sofi, que camina a mi lado con los pantalones verde menta y un jersey beige. ¡Ja, lo sabía! ¿Rosa chicle? ¡Venga ya! ¡Todo el mundo sabe que el verde menta es el nuevo negro este verano! Pero no diré nada: el karma me tiene sometida.
    —¿Comemos en el Vips? —le pregunto.
    —Vale. ¡Y estás tonta!
    Uf, que pesada… Giro la cabeza y clavo mi vista en  sus pantalones con el sano propósito del “si tú te callas, yo también”. ¡El quid pro quo de toda la vida!
    —¡Pero bueno! —exclama una voz femenina que sale del cuerpo con el que me acabo de estampar; ¡madre mía, que golpe!—. Querida, a ver si miras por donde vas… —uy, uy, esa voz me suena…; a cámara lenta vuelvo la mirada y…—: ¡Lili! —sí, es ella—. ¡Por amor de Dios, no puedes andar como una persona normal?—: Anestesia.
    —Anes.. tasia, que alegría verte —contesto y le doy dos besos mientras me agarro a ella en un intento de recuperar el equilibrio.
    —¡Suéltame, que al final vas a conseguir que me caiga! —no, eso es imposible: parece una estatua griega. A cada uno lo suyo, y esta mujer está durísima. ¿Hará pesas? Fijo que me he hecho un chichón y un par de cardenales…
    —¿Qué tal estás? —le pregunto; ¡eh, qué se ha hecho en la cara?
    —Un ligero toque de bótox —contesta; ups, he vuelto a pensar en voz alta…—. A ti también te vendría bien: esas arrugas en los ojos te echan veinte años encima. Ah, y no me caso.
    La observo y alucino. Ni un titubeo en sus labios, ni una mirada llorosa en sus ojos. Tan sólo una piel estirada, un maquillaje impecable, un traje de tweed y…
    ¡Venga ya!
    ¡¡¡Un 2.55!!!
    —Oh… —¿se ha comprado MI bolso?—. Bolso nuevo... —consigo murmurar, con la boca seca. ¡Por Dios, que dejen de venderlos, que se van a agotar!
    —Y JC y tú deberiais hacer lo mismo. Es una tontería casarse en los tiempos que corren. Luego llamaré a mi hijo para decírselo, a ver si le saco esa locura de la cabeza.
    —¿Locura? —no sé de que habla: sólo tengo ojos para mi bolso. Estoy empezando a marearme. ¿Crees que debería ir a Chanel y reservar uno? Calculo que en unos cinco años…   
    —La de casaros. Es absurdo —me da dos besos y se marcha, con mi 2.55 colgando del brazo…
    Igual debería probar suerte en la bolsa, que ahora está todo muy baratillo,  o ir al casino o algo, pero la gente no puede seguir comprándose mi bolso y…
    Oh, ¿dónde está mi hermana?
    Desorientada, me giro y la localizo sentada en un banco, mientras se seca las lágrimas de los ojos. Vaya…, no me imagine tanta comprensión por su parte (entre nosotros: la empatía no es su mejor virtud).
    —Sofi, no te preocupes, que algún día… —un momento… ¡Nada de empatía ni de consideración! ¡¡¡Se está partiendo de risa!!!— ¡Sofía, por favor, que el bicho de Anestesia lleva mi bolso! ¡Y soy tu hermana mayor, así que un poquito de respeto!
    —Lili, lo siento pero es que…
    —¡Esa mujer quiere acabar conmigo a base de disgustos!
    Mi hermana no puede sino darme la razón con la cabeza.
    —Y hay algo más… Ha dicho algo de la boda…
    —Que es absurdo y que va a hablar con JC, sí —y vuelve a reírse.
    Mmmmm…
    Soy tonta…
    —Sí, pero tonta, tonta, tonta —confirma Sofia entre carcajadas.
    ¿He vuelto a pensar en voz alta? Esto es demasiado... ¡Qué asco de karma, pero qué asco!
    ¡Ea, pues a tomar viento!
    —¡Esos pantalones que llevas son los verde menta del otro día; te dije que nada de rosa chicle! —le echo en cara a mi hermana, rebosando indignación. Rosa chicle, rosa chicle... ¡Ja, toma ya! Lo pienso y me decido: se lo tiene merecido, por tanto pitorreo—: ¡Hortera!
    No se me ocurre nada peor.
    ¡Y si me vienen veinte maldiciones y mi aura se pone negra como el tizón, me aguanto!
   


viernes, 20 de abril de 2012

Más verdades verdaderas :-)


    María, que es un sol, me ha nominado con dos memes :-).
    Pero..., no estoy segura de que queráis saber tanto sobre mí, porque tengo alguna que otra cosilla un poco rara de más, así que mejor os aviso: el que prefiera seguir pensando que soy medio normal (si es que aún alguien lo piensa...), que se salte esta entrada :-P
    El juego del 11:
    Consiste en hacer once confesiones, contestar las once preguntas de María y proponer once preguntas para once blogueros.
    He pensado que es más guay que en cada confesión/pregunta proponga a un bloguero. Y he aquí mi primera confesión (aunque no la incluyo en las 11, que hoy tengo unas ganas de conversación tremendas): hay algún@s  que me tienen muy intrigada y estoy segura de que nunca jamás harían un meme, pero quizás sí que se animen con una preguntilla de nada… ¡Y así me salen 33 blogueros a los que preguntar 33 curiosidades, genial ;-) (soy un as de las cuentas; todavía no comprendo por qué no sigo en la asesoría :P)
    ¡Vamos allá!

    Mis 11 confesiones:

    1.- Me encanta cruzar la calle con el semáforo en ámbar y que el coche que parece que no tiene intención de pararse tenga que frenar (mamá, si lees esto no te agobies: ya sabes que me viene de familia pero siempre vigilo con el rabillo del ojo y hago unos complicadísimos cálculos mentales para asegurarme de que el conductor psicópata no me atropella) (conductor psicópata, si alguna vez te has cruzado conmigo, me remito al comentario anterior: me viene de familia, en concreto de la rama paterna:-). Cruela, eres la primera ¿te animas con una confesión?
    2.- No me gusta nada de nada el chocolate. Pero nada. Nada de nada. Oji, cuéntanos algo, preciosa :-))))
    3.- Soy negada para el deporte. En el colegio prefería veinte clases de matemáticas que una de gimnasia. Lo mejor que me pasó fue caerme desde una escalera en el gimnasio del cole (hay quien afirma que me solté a propósito, pero son habladurías) (no, Fa, no hay pruebas) y alargar el esguince durante casi cinco meses (ahí pensé que tenía dotes para la interpretación :P). Verillo y Bicho, os toca: ¿confesión? De lo que querais, y cuanto más rara mejor :-).
    4.- Canto fatal. Antes me daba mucha vergüenza, pero ahora me gusta explotar ese lado friki en los cumpleaños (si es tu cumpleaños y nos conocemos, no puedes perderte que te cante el “feliz feliz en tu día”; lo doy todo) (gallos incluidos, eso sí). Mmmm, confesión de…¡¡¡Sandler!!! Je!, te ha tocado! Y no, nada de tongo :P.
    5.- Soy adicta al Museo del Prado. Cuando estoy nerviosa, o triste, o poco inspirada, me paso el día allí. Rodeada de cosas tan eternas, mis problemas me parecen pasajeros y pierden importancia. Sergio DS, ¿nos cuentas algo tú?
    6.- Me encanta limpiar. Adoro la mopa (un día le hago una foto), el trapo del polvo y el olor del Cristasol: a veces pienso que limpiando y poniendo orden en lo que me rodea también pongo orden en mi cabeza (es obvio que no lo consigo). Walden, di algo que no me haga sentir tan flipadilla…
    7.- Me da más miedo el exceso de compañía que la soledad. Mmmmm…, Expediente X, me encantaría conocer una confesión tuya :-)
    8.- Me gustaría tener una casita en un pueblo dejado de la mano de dios, sin internet ni teléfono ni nada. Pero sin internet ni teléfono ni nada igual me da algo (sí, soy una pura contradicción y yo ya paso de intentar comprenderme). HombreRevenido…, ¿te atreves? ¡Confesión!
    9.- Me da mucho asco pelar un pollo. ¿No sabes de lo que hablo? De los pollos esos que te venden a veces con piel y todo. ¡¡¡Argh!!!! ¡Es que de pensarlo se me pone el cuerpo del revés! Y dirás: pues cómpralo pelado. Ya, si yo lo compro siempre así, pero JC a veces no me quiere tanto como dice y cuando hace él solo la compra, ¡ea!, pollo con pellejo (y ataque de risa de mi novio…).  Ana Pepinillos, aunque sé que estás un poquillo desconectada, cuéntanos algo, preciosa :-)
    10.- Me encanta poner la alarma del despertador a las 7:11, o a las 7:06; nunca en números redondos (lo que pone muy nervioso a JC, que es un pelín más cuadriculado que yo) (lógico!, quería decir lógico :-). Sbm, chulo, confiesa :P
    11.- Otra confesión… Que no sea muy rara… Ya sé: mi palabra preferida es excéntrica. Me encantaría ser una viejecita de ochenta años a la que se le pudiese dar ese adjetivo. Y la última confesión que pido es para Exter y para Cocci: ¿algo que comentar, chicas?

    Mis once respuestas (y mis once nominaciones, por si os apetece contestar) (que digo yo que si lo habéis leído, y ya puestos, y con lo fácil que es responder sólo a una preguntilla…).

    1.- Una película para llorar: “La vida es bella”. Y nomino a Volbo.
    2.- Mi primer beso: no me acuerdo. Mis recuerdos en ese sentido comienzan cuando conocí a JC ;-). Nomino a Fle.
    3.- Una noticia que me gustaría escuchar: ¡ha nacido Olivia! Y nomino a Isa.
    4.- Un juego de mesa: el Scrabble (¡¡¡soy un hacha!!!!) (a veces :P). And the Oscar goes to Leno.
    5.- Mi trabajo ideal: columnista en Vogue sin dudar. Y nomino a Sweety.
    6.- Un momento del día: justo después de cenar, cuando me acurruco en el sofá con JC. Nomino a Tarambana.
    7.- Una flor: la margarita. Siempre. Y de siempre. Esta pregunta es para Valenciana en Dresden y para Marina.
    8.- Mi prenda favorita: los vestidos. ¿Nikita y Paula, qué me decís?
    9.- Un viaje inolvidable: a París. Nomino a Mi casa de juguete y a La Condesa descalza.
    10.- Una canción: “Non, je ne regrette rien” de Edtih Piaf. Nominación para Jana de la Niebla.
    11.- Una fecha importante: el 1 de noviembre de 1997, cuando conocí a JC. Estrógena y :(, nominados :-)))

    Vale, y ahora mis once preguntas con mis once elegidos para que las contesten si están inspiradillos :-)))))

    1.- Lo que más te gusta del mundo: MDoc.
    2.- El momento que desearías volver a vivir: Doctora Anchoa y El Ese.
    3.- La mayor locura de tu vida: Doctora (fijo que tienes un montón con Yoli;-))))
    4.- El mejor regalo que has recibido: Sra. T.
    5.- ¿Más placer o más ansiedad escribiendo?: Toro Salvaje.
    6.- Destino de vacaciones ideal: Clá.
    7.- Un plan perfecto para el domingo: P8ladas.
    8.- Personaje de serie de televisión que le gustaría ser: Don Fernando Gilipollas y Rorschach (juro que me encantaría que alguno de los dos contestara, pero si lo hacen, alucinaré y creeré que blogger tiene poderes extraños :-)))).
    9.- Un sueño por cumplir: elindependientedigital.
    10.- Lo que no puede faltar en tu día para que seas feliz: Miraver Loque.
    11.- No serías capaz de ponerte para salir a la calle : Celia.
    12.- La novela que te hubiera gustado escribir: Javier Divisa.
    Ya, son doce, pero si no te chivas, yo tampoco :P.  Siempre me ha gustado saltarme las reglas ;-)
   
    Primer reto superado! O algo así…
   
    Ahora voy a por el segundo meme, también de María:
    Consiste en responder cinco preguntas y nominar a cinco blogueros para que contesten.
    
    ¿Qué piensas al acostarte? Mmmm…, no pienso…, la verdad es que cuento ovejas. Eh!!! No te rías, que es en serio, y le tengo puesta hasta una musiquilla mental. Mi profe de yoga ha intentado que cuente respiraciones pero siempre acabo volviendo a mis ovejitas saltando la valla. (Para Cristina)
    ¿Qué opinas del amor? Que sin él no podría vivir. (Para Pilis)
   ¿Mejor decisión tomada? La de decir un día “hasta aquí hemos llegado”, coger mi Plan General Contable, largarme y ponerme a escribir. (Para el que le apetezca; es una pregunta genial)
    ¿Alguna persona que hayas conocido por internet y que haya cambiado tu vida? No, de eso no tengo. Todas las personas importantes en mi vida las he conocido en persona. (Para María Oliver)
    ¿A qué saben los besos? A JC. (Para JC :-))))))
    
    Oh!!! Y una última confesión: teniendo en cuenta que mi blog es un basado (ya sabéis, “basado en hechos reales”), estos memes no, que lo que os cuento en ellos es todo verdad verdadera (sí, hasta lo de las ovejitas…)


    ¡¡¡Feliz fin de semana!!!


jueves, 19 de abril de 2012

La verdad sobre Alberto (capítulo I)

    Las dos últimas entradas me han desviado del curso normal del blog y hasta yo me he perdido, así que voy a hacer un resumencillo de lo más corto para ponernos en situación:
    Mi suegra Anestesia se ha echado un novio; esto ya de por sí es raro (¿el mundo se ha vuelto loco?), pero lo peor es que la segunda cliente que entra en la agencia de detectives en la que trabajo es una chica despampanante que sospecha que su futuro marido tiene una amante. Y he aquí el problema: el “presunto” (¡cómo me gusta esta palabra!) adúltero es Alberto, el novio de Anestesia, lo que deja a mi suegra en la  pintoresca situación de ser la otra a la que mi compañero y yo tenemos que descubrir.
    Tiene tela… Me lo cuentan y no me lo creo. Pero éste es un blog basado en hechos reales y todos sabemos que lo que aquí se escribe es verdad (o algo parecido).


    —¡Vamos, Lili! —me increpa Alfonso. Salgo de la agencia tras él.
    —¿A dónde?
    —A esperar al sudes a la puerta de su casa —me contesta, echando un vistazo por encima de sus gafas de sol y mirándome de medio lado.
    —¿Su-qué? —lo observo con admiración: ha mejorado una barbaridad el lenguaje corporal. Sólo le falta el pelo naranja y es clavado a Horatio Caine.
    —Sudes, querida muchacha, es sujeto desconocido —se planta en mitad de la calle, con el traje negro impecable y los brazos apoyados en la cadera—. Jerga profesional. No te preocupes, te harás con ella, aunque lleva su tiempo…
    ¿Habrá pensado en el tema de los dobles profesionales? Mmmm…, se lo tengo que comentar. ¡¡¡Oh, y quizás podría recomendarme en algún sitio como guionista!!! ¡Madre mía, ya me veo en la portada de Vogue: Lili, nuestra española más internacional, triunfa en…
    Un momento… Eso de “sudes” me suena…
    —¿”Sudes” es también de CSI? —le pregunto, pero sólo recibo un silencio cargado de reproches.
    —¿CSI? —dice al cabo de veinte minutos, en los que caminamos uno al lado del otro—. No sé a qué te refieres.
    Ni yo. Recuerdo haber pasado por el escaparate de Poète, el de Nekane, el de Zara, el de Cosette… pero lo de CSI, ¿por qué se lo he preguntado?
    Es obvio que tenemos que dejar claras las bases de esta relación profesional: si va a tardar siglos en contestarme, voy a necesitar otra libreta para tomar notas, sobre todo si entre la pregunta y la respuesta pasamos por la puerta de un millón de tiendas del barrio de Salamanca. Así no puedo mantener la mente despejada; ya me cuesta en condiciones normales, pero…
    —Ahí está —susurra Alfonso y con el dedo índice señala un portal—. El domicilio del sudes —¡eso es: sudes!—. Ahora necesitamos una buena dosis de paciencia. Puede tardar horas en llegar o en salir. Vamos a sentarnos en… —mira alrededor—… ese banco a esperar. Recuerda, Lili: la clave es no apartar la vista del portal. Ni un segundo. Ni un parpadeo. Nunca jamás —gira la cabeza en un ángulo imposible y me observa fijamente. En este punto he de reconocer que no sé que hacer, si mirarlo a él (la buena educación me puede) o al portal (¡si me acaba de decir que no aparte la vista, qué hace apartándola él?; ¡un poquito de coherencia, por Dios, que estas situaciones me desconciertan mucho!)—. Y ya sabes, pasar desapercibidos siempre —sentencia.
    Nos sentamos en el banco y esperamos, en un amigable monólogo disfrazado de conversación.
    —Recuerdo una vez, en los años setenta, que pasé 43 horas en la puerta del sudes hasta que conseguí localizarlo. Buenos tiempos aquellos, sí —comenta Alfonso.
    —Ahá —¿sudes? De CSI no es. ¿El Mentalista?
    —Y qué café el de entonces; parecía alquitrán, pero mi estómago lo resistía todo. Ahora, la hernia de hiato me…
    —Claro —no sé, no termino de ver lo de “sudes” en El Mentalista. ¿CSI Nueva York, tal vez?
    —… y el hombro está empezando a fallarme, pero son cosas de la edad. Cuando tenía treinta y cinco, como tú…
    —Treinta y alguno más —le corrijo. No, CSI Nueva York tampoco. Lo tengo en la punta de la lengua… ¡Mentes criminales, eso es! ¿Cómo no he caído antes? Claro, si va a empezar a mezclar series…— ¡Eh! —¡madre mía, es Alberto! ¡Está saliendo del edificio!
    —… y corría hasta cincuenta kilómetros sin pestañear. ¡Yo sí que estaba en forma, no como…
    —¡El sudes! —le digo emocionada. Alfonso me mira sin comprender.
    —Por donde fuera: el sudeste, el sur, el norte, no tenía problema. Si me dabas un trozo de tierra, ahí estaba yo, como un galgo…
    ¿Qué dice?
    —¡Alberto, el sudes, está saliendo del portal! —mi compañero vuelve la cabeza en la dirección que le señalo y se levanta de un salto.
    —¿Ves, querida muchacha? Éste es el resultado de una investigación impecable —se revisa los bolsillos con cierto nerviosismo—. La cámara de fotos… —¿cámara? ¿qué cámara?—. La has debido coger tú. Dámela, rápido, que la “otra” está a punto de salir.
    Uy, uy, qué morro...
    —No, yo no tengo ninguna cámara —¡venga ya, ni siquiera sabía que existiese una cámara!—. Pero tengo esto —y le paso mi BlackBerry. Alfonso me la devuelve.
    —Sí, vale, pero que no vuelva a suceder: no puedes olvidar la cámara.
    —¡Pero si yo no sabía nada de una…
    —¡Ahí está! ¡Haz la foto con… eso!
    Ay, madre… Me preparo para ver salir a Anestesia…
    —¡¡¡Oh!!!! —¡no puede ser!
    Cierro los ojos y los vuelvo a abrir. 
    ¡Vaya!
    —¡Lili, la foto! —me conmina Alfonso—. ¡Antes de que entren en el coche!
    ¿Qué?
    Ah, vale, la foto…
    Cojo el móvil y capto la imagen de Alberto dándole un beso a una mujer de unos cuarenta años, de pelo castaño y figura estilizada. Una mujer que no es nuestra cliente, eso es obvio, pero tampoco es Anestesia.
    ¡JC va a flipar!
    ¿Cuántas “otras” tiene este hombre?


    Continuará…

jueves, 12 de abril de 2012

Los sueños pueden hacerse realidad

    Miles de millones de millones de millones de gracias a todos, no esperaba tanto cariño :-)))))))))))
    Y montañas de besos!!!!!!!!!

    Con el permiso de Lili, os voy a contar un cuento:
     
    Hace treinta y algún años más, en Almería nació una niña a la que llamaron M. que no tenía nada de especial: lloraba como todas, no quería comerse la papilla y el chupete fue su primer mejor amigo.
    Siempre que miro atrás la recuerdo con un libro en la mano. Con el tiempo supe que tenía varios escondidos en cada rincón de casa, incluso en el patio, detrás del cubo de la basura: qué estupidez desperdiciar el tiempo barriendo cuando las aventuras de Guillermo estaban esperándola. Nada era tan importante como leer y la vida se le antojaba corta para tantas y tantas palabras.
    La realidad de sus primeros dieciocho años se mezcló con la ficción en la que flotaba: se enamoró de Heathcliff, viajó en el Orient Express, presenció los juicios de Núremberg, pasó varias noches en Sing Sing, conoció a Bertie Wooster y a Jeeves y decidió estudiar derecho para seguir los pasos de Perry Mason.
    Y justo ahí le perdí la pista: ella se marchó a Madrid y yo me quedé en Almería. Las visitas de M. se fueron espaciando y poco a poco dejé de saber de ella. La última vez que la vi había descubierto a una autora que la tenía asombrada, Marian Keyes, y un género nuevo, chick lit lo llamó.
    Y sí, estudió derecho y todo eso, pero qué más daba: ella sólo quería escribir.
    Hace un año me llamó por teléfono. Venía a pasar una semana a Almería y quedamos para tomar un café.    
    M. no parecía haber cambiado: tan sólo las gafas habían desaparecido, pero seguía siendo la misma chica flacucha que siempre iba pegada a un libro. Aquel día era “El faro”, de P.D. James, el que asomaba de su bolso. No me extrañó: siempre tuvo una cierta aversión por los clásicos (“la vida es larga; cuando cumpla 60 me pondré con La montaña mágica”, decía).
    Pidió una copa de vino blanco y comenzamos a hablar. Y entonces me di cuenta de que me había equivocado: M. estaba diferente. Sus ojos brillaban de una forma especial y transmitía un entusiasmo contagioso. Oyéndola hablar de sus sueños y de sus ideas supe que todo podía hacerse realidad.
    Escribía un blog en el que una treintañera loca contaba sus aventuras y desventuras (“claro que no tiene nada que ver conmigo”, me aclaró; yo me reí y pensé que sería una pena que esa tal Lili no se pareciese a ella) y había escrito una novela.
    —La he mandado a millones de editoriales; igual hay suerte —y me sonrió.
    Ayer recibí esta foto:


    Y esta nota:

   "Los sueños pueden hacerse realidad".

    M., ¿o he de llamarte Lili? Yo jamás lo dudé.


jueves, 5 de abril de 2012

Lassie vuelve a casa :-)))

     JC dice que el perro que secuestré sin querer se parece a Scooby Doo, pero para mí es clavadito al que tiene la Barbi como accesorio.


    Martes, 3 de abril de 2012.
    Barrio de Prosperidad
    Casa de JC y Lili
    7:30 de la mañana

   
    —JC, o Lassie o yo: tú decides pero los dos no podemos estar bajo el mismo techo —le digo a mi novio completamente desesperada y al borde del llanto. ¡No puedo con la vida! ¡Ni con la cantidad de pelo que este animalico va soltando! Lo reconozco: no soy una chica de mascotas, pero si tuviese que convivir con una no tendría pelos, ni lengua, ni babas, ni nada. Quizás un pez… Y en el caso hipotético y altamente improbable de que el bicho tuviese pelos, se los pegaría con Loctite uno a uno. ¡Hasta se ha atascado la aspiradora, por Dios!
    —Lili, guapa, el perro lo has traído tú —contesta mi novio y me mira con la risa en los ojos.
    ¡No, eso no es así!
    Bueno, en apariencia puede ser algo parecido, pero no...
    ¡Madre mía, que duro es esto de llevarse el trabajo a casa!
    Vale, voy a organizarme: tengo una hora y media para arreglarme, llevar al perro al Retiro y llegar a la agencia las nueve. Mmmm…, media hora para ducharme, un cuarto de hora para secarme el pelo, otro cuarto de hora para decidir qué me pongo, cinco minutos para desayunar, diez minutos para maquillarme, veinte minutos para localizar el móvil (más los veinte que ya llevo…; la culpa es del perro: le encantó mi funda rosa y tuve que esconderlo) (lo malo es que lo hice cuando ya llevaba una copita de chardonnay) (o dos)… En total…
    ¡Uf, que estrés! Voy a empezar por desayunar; si me haces compañía mientras me preparo un café, te cuento cómo se tomó JC lo de la otra novia del novio de su madre.
    Entre nosotros: no se lo tomó mal. JC es un chico de lo más equilibrado, un tipo genial y con una capacidad de comprensión que va más allá de lo imaginable. Y un pelín ignorante en este punto: ¿en serio crees que podía presentarme en casa con una bestia parda disfrazada de perro y darle una noticia así?
    ¡Vaya, entonces esperabas demasiado de mí!
    Lo cierto es que anoche en plena desesperación llamé a JC por teléfono para que viniese a buscarnos al perro y a mí. Y después de meterlo en el coche, tratar de ponerle el cinturón de seguridad, dejarlo por imposible, conducir hasta casa con el bicho aullando, bajarlo del coche, conseguir que entrase en casa, sacarlo del baño, sacarlo del dormitorio, sacarlo de la cocina, meterlo en la cocina, sacarlo de nuevo de la cocina, tomarnos un par de copas de vino…, no hubo tiempo para mucho más.
    Esta mañana veo las cosas con más claridad: primero soluciono un problema y luego afronto el segundo. Y el primero me está mirando con cara de hambre: ¿le gustarán las galletas de chocolate?
 
                                                                           * * *    
    
    Dos horas después estoy abriendo la puerta de la agencia, treinta euros más pobre (¡qué manía me tienen los taxistas, pero qué manía!) y con el apercibimiento por parte de los vigilantes del parque de no acercarme a animales o a sus dueños en las próximas dos semanas. En fin…, son gajes del oficio.
    —Buenos días, Alfonso —saludo a mi compañero, que está apoyado en la mesa con los brazos cruzados.
    —Mi querida muchacha, llegas tarde —responde, y chasquea la lengua con cierto reproche; me mira de reojo, bajando la frente y elevando ligeramente la barbilla —. Vamos, tenemos mucho por hacer —se pone las gafas de sol y sale de la oficina. Yo le sigo—. Hay que averiguar quién es la amante de Alberto no-sé-qué.
    —¡Qué guay! —investigación pura y dura. ¡Me encanta!
    ¡Oh!
    ¡¡¡Oh!!!
    ¡¡¡Pero si yo sé quién es: Anestesia!!!

    Continuará… (a la vuelta de vacaciones)
   

lunes, 2 de abril de 2012

O terror dos cães (título cortesía de JC; no intentes buscarle algún sentido, porque no lo tiene ;-)

    Papá: JC ha elegido el título y ha pensado que te gustaría :-). ¡¡¡Gran frase, sí señor!!!


    —Hola guapo…  No, no estoy en la agencia…  Voy al Retiro…  Un asunto de trabajo…  ¡No, no voy de compras! ¿Por quién me tomas? ¡Que estoy en jornada laboral!…  Bueno, eso fue una excepción y además estaban las rebajas…  Es que tenemos un cliente…  Ya, sí, muy emocionante…  ¿No sueno convencida? Qué raro, con la ilusión que me hace…  Sí, hay una ligera ironía en mi voz…   Una señora que ha perdido al perro en el parque del Retiro…  ¡Eh, no te rías!...  Sí, voy a buscarlo… JC, como sigas riéndote te voy a colgar…  No sé la raza…  ¿Qué cómo lo voy a reconocer? ¡Llevo una foto!...  Sí, un primer plano…  ¿Te estás pitorreando de mí?...
    ¡Ea, he tenido que colgarle! Que mi propio novio dude de mi capacidad para resolver este caso tan sencillo, más propio de un libro de Los Hollister que de la vida real, es duro, muy duro. Y doloroso.

                                                                       * * *

    ¡Jooooooo! Llevo tres horas dando vueltas por el parque y nada, ni rastro del perro. Voy a preguntar al señor del quiosco; quizás él pueda darme algún dato de interés.
    —Hola, buenos días —le saludo con tono profesional a lo Laura Holt; JC se ha bajado las dos primeras temporadas de Remington Steele de internet y no imaginas lo mucho que he aprendido este fin de semana—. Estoy buscando un perro —le enseño la foto del sujeto—. ¿Lo ha visto usted por los alrededores? Se perdió esta mañana a primera hora.
    El quiosquero coge la foto y la examina de cerca.
    —¿De qué raza es? —me pregunta y me devuelve la foto.
    —No estoy segura —no tengo ni idea—. Yo diría que es un perro grande.
    El hombre me mira con atención.
    —¿No sabe la raza?
    —Bueno, es una raza de perro grande —no puede haber tantas.
    —¿Y cómo se llama? Quizás pueda dar el aviso a los vigilantes del parque. ¿Lleva el nombre en una placa o en un chip?
    —Sí, claro —contesto evasiva; soy despistada para los detalles y por eso apunto todo en mi libreta. Y ahí apunté la raza del perro, el nombre, la edad, su horóscopo, cuándo comió por última vez y sus juguetes preferidos; el fallo ha sido olvidarme la libreta encima de mi mesa. Quizás necesite una segunda libreta en la que apuntar que no debo olvidar coger la primera…
    ¿Cómo dices? ¿Qué por qué no llamo a la agencia y lo pregunto? ¡Ja, creerás que no se me ha ocurrido!
    Mmmm…, y de hecho creerás bien…
    —Voy a hacer una llamada… —le digo al quiosquero, que me observa como si estuviese pirada, y me alejo unos metros
    ¡Oh! ¡Un momento!
    ¡Madre mía, no puede ser!
    Miro la foto, vuelvo a levantar la vista y estoy a punto de ponerme a cantar de felicidad. ¡Es él! ¡El perro de raza desconocida y de nombre incierto está justo ahí, corriendo detrás de una pelota!
    ¡¡¡Bien!!! ¡Si es que soy una chica con suerte!
    Vale, ahora no puedo perder los nervios: sólo necesito atrapar al objetivo (confirmado: es de una raza grande, tirando a muy grande; incluso puede que a gigante), meterlo en un taxi y llevarlo a la oficina.
    ¡Eh, quién me llama ahora? Rescato el móvil del fondo de mi bolso (que, por cierto, y sólo para que quede constancia, sigue sin ser un 2.55) y contesto.
    —Hola, Bárbara —saludo a mi jefa sin quitar el ojo de encima a mi presa.
    —Lili, te llamo por el perro…
    —No te preocupes que ya lo he encontrado —le anuncio triunfal. ¡Eh, que se marcha!— ¡Lo siento pero tengo que colgar! —y salgo corriendo detrás del bicho.
    Mi móvil vuelve a sonar pero no puedo contestar. El perro ha iniciado un trote ligero y aunque estoy en forma (es una de las consecuencias positivas de ir de tiendas) (y del golf) (y del yoga) (¡soy superdeportista!)…
    ¿Qué te estaba diciendo? Da igual, porque ahora el perro se ha puesto a correr como si estuviese poseído y necesito todas mis energías para que no se me escape.
    ¡Dios mío, esa bestia es la reencarnación de Jesse Owens! 

                                                                               * * *

    Una hora después estoy sudando, con el pelo pegado en la frente y el perro en mi poder. O algo parecido: lo tengo cogido por el collar y si no ve nada interesante la cosa va bien. Lo malo es que algo le llame la atención: en ese caso echa a correr de nuevo sin la más mínima consideración hacia mí.
    Vaya…, o igual es justo todo lo contrario y lo hace pensando en mí. Por la operación bikini, ya sabes; yo creo que abril es aún un poco pronto para empezar, pero quizás este bicho es un visionario y ha notado algo que a mí se me ha pasado por alto y…    
    Uy, uy, uy… Se acerca un tipo de esos que hacen pompas gigantes de jabón: el perro lo va a flipar…
     Tiro de él con firmeza y lo arrastro fuera del parque. Cojo un taxi (el sexto que se para: los cinco anteriores se han largado cuando han visto a mi acompañante), lo meto dentro y le doy al conductor la dirección de la agencia y un billete de veinte euros (nunca imaginé que tendría que empezar con los sobornos antes de cumplir los cuarenta; así va el país).
    Y al fin respiro tranquila: son casi las seis de la tarde, tengo al sujeto en mi poder y voy camino de entregárselo a su dueña. ¡El día ha sido un éxito!

                                                                    * * *

    —¡No me lo creo! —exclamo al borde del colapso.
   —He tratado de llamarte pero ha sido imposible. ¿Qué le pasa a tu teléfono? —me pregunta Bárbara—. Lili, las cosas no funcionan así: necesito que estés disponible las veinticuatro horas del día.
    —Pero si cogía el móvil se me escapaba el perro —me justifico.
    —Bueno, pues ya te lo he dicho: no es el perro. La dueña llamó al rato para decir que Figo había vuelto a casa.
    Sí, sé lo que piensas: ¡haberme avisado, jefa desaprensiva! ¡Alguna forma habría que no incluyese llamarme al móvil!
    ¡¡¡Un poquito de imaginación, por Dios!!!
    —¿Y que hago con éste? —pobre… Me mira con cara de desolación mientras mordisquea una carpetilla rosa—. Tendré que volver al parque ahora mismo y dejárselo a los vigilantes.
    —No, no —levanto la vista y la clavo en Bárbara, desconcertada—. Mañana antes de entrar en la agencia pasas por el Retiro y lo dejas allí, pero… —se gira y coge un dossier de encima de su mesa—… ahora necesito que te pongas a buscar datos de este sujeto. ¡Nuevo caso, Lili; estamos despegando al fin!
    Alcanzo la documentación que me pasa mi jefa y la ojeo.
    ¡Vaya, que guay: parece un caso de verdad! Un hombre infiel, una novia mosqueada, ¡genial! Sigo pasando las hojas y tropiezo con una foto de la pareja: ella es joven, pelirroja y muy operada de…, yo diría que de todo. Él es…
    ¡Oh!   
    Mejor me siento… Parpadeo varias veces y vuelvo a mirarla.
    ¡¡¡Oh!!!
    ¡Madre mía, madre mía, madre mía, madre mía…!
    ¡¡¡Él es Alberto, el novio de Anestesia!!!
    —¿Esta chica es la novia de… —y señalo a mi futuro suegro—… él?
    Bárbara afirma con la cabeza. Mientras yo examinaba el expediente ella se ha puesto la chaqueta y está cogiendo el bolso.
    —Mañana me cuentas lo que averigües. Ahí tienes el nombre: se llama Alberto no-sé-qué.
    Pero ya no la escucho. Todos mis sentidos están volcados en cómo darle a JC la doble noticia:
    Uno.- “Guapo, esta noche tenemos compañía” (sí, me llevo el perro gigante a casa; ¿qué otra cosa puedo hacer?).
   Dos.- “Oh, y Alberto, ese señor tan simpático que quiere casarse con tu madre, tiene otra novia: joven, pelirroja y sobradamente operada”.
    Ya, yo también lo he pensado: de todas las agencias de detectives del mundo, una de las novias de Alberto tuvo que elegir la mía. ¿Pero cómo va a ser mi suegra “la otra”? ¡Si es que va en contra de todas las normas de la lógica y del…
    ¿Cómo?… Sí, un whisky doble puede ayudarme a contárselo a JC, aunque yo soy más de chardonnay… ¿Qué dices?... Ah, vale, el whisky es para él. Buena idea, sí.

    Continuará... 
 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...