miércoles, 25 de julio de 2012

Crónica de una sangrienta revuelta vecinal


En algún lugar del barrio de Prosperidad, justo frente al portal de Lili y JC…

La parcelita, ya pasado el levantamiento
 La vuelta a la capital es dura. El hecho de que sea temporal la hace igual de dura, sobre todo cuando el asfalto amenaza con devorarme y ya se ha hecho con la suela de mi sandalia.
Doy un tirón del pie y…, nada, que no consigo despegarme.
A ver si cogiéndome de la pierna… No, no es buena idea que me caigo.
Vaya, igual salgo en las noticias: “La ola de calor en Madrid provoca escenas como ésta”, y ahí estoy yo, con mi sandalia fundida en el asfalto.
¡Oh! ¡Igual vienen los de Vogue!
¡Madre mía, no pueden venir los de Vogue, que llevo una pinta horrible!
¡¡Por Dios, fijo que vienen: puñetera ley de Murphy!!
¡¡¡Socorro, no puedo salir en Vogue así!!!
Mmm…
Vale, falsa alarma: nada de asfalto derretido. Era un chicle.
¡Que guarra es la gente, por Dios!
—¡Lili! ¡Eh, Lili! —me giro y veo acercarse a una señora—. Me alegro de verte; llevo un par de días yendo a tu casa para hablar contigo y nunca encuentro a nadie.
—Ya, es que hemos estado de…
—¿Te importa que ponga unas macetas en el jardín? —me interrumpe.
—¿A mí? ¿Importarme? —¿y ésta quién es?
—El jardín es para eso, digo yo, y si no puedo poner un par de macetas no lo entiendo. Ah, y he plantado unas tomateras; luego podemos recolectar los tomates y poner unos cestos para los vecinos y…
Misterio resuelto: es una vecina. Soy un as de la investigación, mis meses en la agencia de detectives se notan: estoy de un perspicaz que me salgo.
—Me parece guay  —le contesto—. Yo soy muy de macetas y de plantas.
—Entonces las pongo y que nadie me diga nada —se da la vuelta y entra en el portal. Y me deja un poco aturdida, no te voy a mentir: noto que en cuestiones de moda mi opinión es valorada en ciertos círculos (hermanas-madre), pero no tenía ni idea de que mi parecer en cuanto a macetas le importase a nadie.
Pensativa, inicio la marcha sin rumbo definido…
Bah, que tontería: me voy a Zara. Al de Cuatro Caminos, que en ése aún no me conocen.

* * *

            Vuelvo a casa a las ocho de la tarde. Busco la llave del portal en el bolso mientras dejo que un sentimiento cercano a la santidad me envuelva: cuatro horas de compras y no he caído en la tentación: ausencia total de bolsas. Me he mantenido firme en mi propósito de ahorro. Lili 1-tiendas 0.
            Oh…
            ¿Qué es esto?
            ¿Qué demonios pasa en el jardín?

* * *

            —¡Si ésa pone macetas, yo pongo papeleras! —dice Monikey (*) a gritos—. ¿Se cree que esto es su parcelita o qué?
            —Eres mala gente —responde la otra vecina, la de las plantas, abrazando un tiesto con valentía—. No puedes comparar mis macetas con tus papeleras.
            ¡No me lo creo! ¿De dónde ha sacado Monikey tantas papeleras? Las cuento y… ¡son muchísimas! Todas en hilera en el bordillo del jardín. ¿Ha perdido la cabeza?
            Yo me voy a casa…
            —¡Lili, tendrás algo que decir! —chilla Monikey—. ¡Juanjo, saca la barbacoa y las hamacas!
            Una chica con dos niños está montando una tienda de campaña al lado de un señor mayor, que abre una mesa plegable y comienza a jugar un solitario.
            Madre mía…
            —¡Lili!
            —¿Pero qué están haciendo? —pregunto con incredulidad.
        —Lo que tú has dicho —me contesta, enfatizando el TÚ como si quisiera escupírmelo—. Poner lo que cada uno quiera en el jardín.
            —No, no, no, yo no he dicho eso —busco a la vecina de las plantas con la mirada y la señalo—. Sólo le he dicho a ella que me parecía guay lo de los maceteros. ¿Qué culpa tengo yo de que me haga caso?
         Uf… Van a tener que venir los antidisturbios: dos señoras están discutiendo por la ocupación de la zona que está debajo del pino.
            —Si la presidenta le da permiso a una propietaria, se lo da a todos —replica Monikey, con la crueldad impregnando cada sílaba de sus palabras.
          —Bueno, pues díselo a la presidenta —no te digo… ¿A mí qué me cuenta? Yo voy a buscar a JC, a ver si nos hacemos con el hueco de…
            Oh…
            La presidenta, ya…
Joooo…
¡La presidenta soy yo!

* * *

            —¿Y qué dices que ha pasado? —pregunta JC desde la cocina mientras prepara la botella de vino y la bolsa de pistachos: tengo los nervios destrozados.
            —Un golpe de estado, con revueltas, saqueos de buzones, heridos…
—¿Heridos?
—Sí —me miro el arañazo que tengo en el brazo. Las uñas postizas deberían considerarse arma blanca, sobre todo si están en poder de una pirada como Monikey.
            —¿Y ya no eres presidenta?
           —No; es increíble, con lo implicada que he estado durante todo el tiempo y me echan así, de un manotazo.
            —Bueno, Lili, implicada, lo que se dice implicada… —deja la frase en el aire.
¡Eh, claro que he estado implicada! Que hoy no recordase que era la presidenta no significa nada, y menos para él, que no lo sabe
—¿Y quién es el nuevo presidente?
            Esto es lo peor.
            —Monikey —contesto.
            Suelta una carcajada y se le derrama la copa de vino.
            —Esto va a ser muy entretenido —comenta.
            Mmm… Yo diría que va a ser como descender a los infiernos… Y con el diablo haciendo de anfitrión.           

            (*) Monikey: vecina, de las pocas que conozco. La única, creo… Mala persona.

lunes, 23 de julio de 2012

Pensando en volver

Cuando decidí tomarme un descanso blogueril, un buen amigo me preguntó cuánto tiempo iba a cerrar el chiringuito.
Por lo menos un mes —contesté
Ja, no duras ni dos semanas— me dijo con sorna.
Como si me conociera mejor que yo...
Pues parece que sí :-P 

Circunstancias concurrentes:
Los días de playa se han interrumpido temporalmente.
La ciudad abrasa.
Las dependientas de diez Zaras me saludan por mi nombre.
Mi tarjeta de crédito echa humo.
La de JC se ha bloqueado (¿por qué cambia el pin sin avisarme?)
La agencia de detectives ha cerrado hasta septiembre, y ya veremos...
Me aburro.
Me aburro mucho...
 

Conclusión:
Pues eso, que estoy pensando en volver. 
¿Cómo dices?
No, claro que no es una amenaza... :-P

jueves, 12 de julio de 2012

Seguimos perdidos en Cabo de Gata :-)))

    —Nos vamos al centro comercial —me informa mi hermana Sofi después de comer. Ella también está de vacaciones y se ha bajado al sur con Alicia—. ¿Te vienes?
   —No —le digo—. Me apetece más dar un paseo por la playa, relajarme, ver el mar y esas cosas.
    —Genial, salimos en diez minutos —contesta Sofi y entra en el dormitorio a cambiar su bikini por un vestido, dejándome sumida en un mar de dudas: ¿he dicho que no o me lo he imaginado?
    No importa porque…
    ¡Me voy de tiendas!
    Sólo a echar un vistazo, eso sí. Puñetera apuesta (*)
    ¡¡¡Pero me voy de tiendas, biennnnn!!!

* * *

    Mire donde mire sólo veo montañas de ropa desordenada y percheros a rebosar de faldas y pantalones. Y bolsos al cincuenta por ciento y sandalias al sesenta.
    ¡Oooooh! ¡Y botas de agua a 5 euros!
    ¡¡¡Las necesito!!!
    Mi mente es un torbellino que va del “no puedo” al “como no me lo compre todo me arrepentiré el resto de mi existencia y cuando sea viejecita y haga un repaso de los últimos setenta años, porque pienso vivir al menos cien, recordaré este día como uno de los más...”
    —Voy al probador —dice un montón de trapos detrás de los que está mi hermana
    Jooo… Y lo peor de todo es que he cometido un error de principiante. Cuando me he dado cuenta únicamente he hallado una explicación: la apuesta me está volviendo tonta. No, no digas nada…, me refiero a más tonta aún…
    Te lo cuento pero no me juzgues con demasiada dureza; piensa que hoy he cocinado lentejas para seis personas (no he encontrado nada congelado en todo Cabo de Gata que se le parezca) y durante cinco horas (tres previas de amargura en estado puro, una hora durante la que he picado cosas y las he echado en una olla mientras pensaba en lo injusto que es el destino conmigo y la hora de depresión post-cocina) mi vida ha dejado de tener sentido.
    Verás, soy adicta a los bolsos grandes, de esos en los que podría meter un elefante y estaría tan solo en un espacio tan enorme que me pediría que por favor metiese una elefanta para tener compañía.
    Y tengo un bolso pequeño, del tipo “móvil/monedero/llaves/y nada más que reviento”. Uno, sólo uno minúsculo frente a diez gigantes (si hablas con JC y te dice que en realidad son veinte gigantes, tú ni caso, que este chico no sabe contar).
    ¿Por qué he cogido el diminuto?
    ¿Quién ha guiado mi mano para que fuese a dar con algo tan chico?
    ¿A quién le hecho la culpa de que ahora no pueda comprarme ni un top porque no puedo esconderlo de la mirada insidiosa de mi novio en esta cosa tan enana? ¿A un espíritu?
    ¿Al karma?
    ¿¿Qué hice en otra vida para merecer tanto sufrimiento en ésta, por amor de Dios?? 
    ¿¿¿Fui la inventora de las hombreras???
    Y encima tiene el cierre roto. ¡Que asco de bolso, pero qué asco!
    Oh…
   Está roto…
   ¡Oh! ¡Yupi!

* * *

    —Hola, guapo… Sí, en Zara… Con Sofi y Alicia… No, sólo estoy mirando… No, nada de comprar, que soy una chica de palabra… No, no me pasa nada… ¿Estoy rara? No sé… Un poco preocupada… Sí… Me he dado cuenta de que el bolso que llevo no cierra bien y hay tanta gente que me da cosa que me vayan a robar el móvil de nuevo y… No, si estoy pendiente, claro, pero entre vigilar a Alicia y… No, no puedo arreglar el bolso… —me separo el teléfono de la oreja y lo miro alucinada. ¿Qué dice mi novio? ¿Cómo quiere que lo arregle? Como no le pegue un chicle…—… No, ni hablar… No voy a comprarme ningún bolso, que la apuesta… Ya, pero yo siempre cumplo las apuestas y… ¡No, no soy despistada!... Sí, hay algún bolso rebajado, pero la apuesta… Vale, me compro un bolso, pero que conste que sólo lo hago porque tú te has empeñado en que lo haga. Un beso —y cuelgo con un sentimiento de felicidad que casi no me deja respirar.

* * *

    ¡Tengo un bolso nuevo, bien! Y es de los buenos: a ojo diría que caben una falda, una camiseta, un vestido y un par de shorts. Y unas sandalias también, sí.
    Ahora voy a sacar dinero al cajero para no dejar pistas de compras ilícitas en el extracto del banco.
    ¿Dónde se ha metido mi hermana?
    —Lili, ¿qué es eso? —vale, ya la he encontrado…
    —¿El qué? —me giro y veo una expresión de horror en sus ojos.
    —¡Eso! —y señala mi bolso nuevo.
    —¿Estás tonta? Un bolso, ¿no lo ves? —y muy guay.
    —¡Es amarillo! —exclama espantada—. ¡Y el amarillo da mal fario! ¡Por Dios, Lili, no me puedo creer que después de lo del móvil te hayas comprado un bolso amarillo! —coge su teléfono y marca— ¡Espérate ahí, no te muevas! ¿Papá? No te vas a creer lo que ha hecho Lili… (**)
    Venga ya…
    ¿Mi familia al completo ha perdido la cabeza? Al final voy a ser la única normal….
    Junto con Emma, pero sólo porque tiene dos meses y medio: dale tiempo.


Continuará…
To be continued…

(*) La apuesta, origen de todos mis males actuales (a saber: cocinar lentejas una vez a la semana, planchar todo lo habido y por haber y nada de compras) (sí, en serio, nada de compras) (ya, yo tampoco me lo creo..., ¡¡¡en plenas rebajas!!!)

(**) El amarillo. Lo sé, mi padre está como una cabra. Igual no me crees, pero mi madre está peor. No entiendo de dónde he salido yo...

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