miércoles, 30 de septiembre de 2015

Una idea genial

     La dependienta enarca una ceja y se cruza de brazos, soltando un suspirillo de sutil superioridad.
     —¿Dos piezas o tres? —insiste.
     Miro los carritos para bebe y no me decido. Una parte de mí me grita que con un dos piezas es suficiente (en realidad, con una pieza ya me valdría), pero mira esos portabebés. ¡Son preciosos! ¿Cómo voy a prescindir de ellos, ahora que sé de su existencia?
     ¿Cómo dices?
     ¿Un bebé? ¿Yo? ¡¡¡No!!!! ¿Por qué iba a tener yo un bebé? Que no es que tenga nada en contra de los bebés, al contrario, soy muy de bebés, ajenos, eso sí, pero…
     ¡Oh! ¡Ya entiendo! ¡El carrito!
     No, no, no es para ningún bebé, deja que te explique…

Hace dos días.

     Parezco un burro de carga, con las bolsas del supermercado y la de la farmacia. Y la de Mango (me he comprado una falda maravillosa con un 40% de descuento, ¡antes de rebajas!; esta gente sí que sabe cómo reactivar el consumo). Y la de H&M (con un top imprescindible para que la falda tenga sentido; ¡y la falda llevaba un 40% de descuento!). Y la bolsa con las sandalias me está dejando los dedos sin circulación (son del mismo tono que la falda, las sandalias, no mis dedos; y la falda, no es por repetirme, pero es que tenía…
     —Pareces un burro de carga —dice Sofi. Una chica observadora, sí. — Deberías tener uno de estos. —y señala el cochecito de Alex, mi última adquisición en lo que a sobrinos se refiere.
     Dedico una mirada reverencial a mi hermana, que empuja el carro cargado de bolsas como si de una nube se tratase, abriéndose paso en las aceras atestadas de gente con la grácil soltura de una Moisesa moderna.
     Mmmmm…
     ¿Y si…?
     Claro que yo no…
     —¿Nunca lo llevas vacío? —le pregunto, con una idea maestra abriéndose paso en mi cabeza.
     —¿Sin bolsas? No.
     —Sin niño —aclaro.
     —Oh, sí, muchas veces. Cuando dejo a Alex en la guardería, cuando voy a buscarlo, cuando se queda en el parque con mamá, cuando…
     Ya no escucho.
     Un mundo nuevo se abre ante mí.
     Un mundo en el que no se acarrean bolsas ni te atropella la gente en las aceras.
     ¡Un mundo genial!

     Y aquí estoy, en la planta de niños de El Corte Inglés eligiendo un carrito. Y es difícil.
     —¿Dos piezas o tres?
     Bien, seamos prácticos: no necesito portabebés. Y siendo sincera, tampoco necesito capazo. Son preciosos, sí, pero soy una chica lógica. Nada de capazo.
     —Una pieza —contesto, resuelta.


     ¡Oh, esto es estupendo! He pasado por el súper, por la tintorería y por un par de tiendas (o tres) (o cuatro), y mírame: ¡sin bolsas en las manos!
     Lanzo la mirada al carrito, atestado, y me dan ganas de abrazarlo. ¡Ha cambiado mi vida por completo!
     Y en el autobús ha sido milagroso: la gente apartándose, yo avanzando…
     —¿Pero cómo puede llevar así al bebé?
     … sin empujones ni codazos…
     —¡Lo va a asfixiar!
     … ¡hasta han dejado que me siente! Ni sabía que uno podía sentarse en el autobús…
     —¡¡No puede respirar!! ¡¡¡Lo está aplastando!!!
     ¡Eh!
     ¿Qué hace está loca?

     ¿¿¿Por qué está tirando mis bolsas al suelo???
     —¡¡¡Pobrecito, pobre niño!!!—la observo alucinada mientras escarba frenética entre las bolsas y los trajes del tinte; se gira y me grita—: ¿Dónde está el niño? ¿¿¿Dóoooonde está el niño???


     Bien, vale, no pasa nada. Ha sido un hecho aislado. Una loca salvadora-de-niños-que-no-existen no va a enturbiar mi recién estrenada felicidad con mi carrito.
     La aparto de mi mente y me centro en…
     ¡Eh!
     ¡¡Eh!!
     —¡¡¡Ehhhhhhhhhhhhhhh!!! —grito—. ¡¡Me han robado!! —¡no me lo puedo creer! ¡Un tipo ha cogido mis bolsas del carrito! —. ¡¡¡Al ladrón!!!
     Un corrillo de gente me rodea en un segundo.
     —¿Está bien, señora?
     —¿Está bien el bebé?
     —¡¡No está el bebé!!
     —¡¡¡Han robado un bebé!!!
     —¡¡¡¡Un secuestro!!!! ¡¡¡¡Llamen a la policía!!!!

Dos días después

     —Lili de mi vida y de mi corazón, ¿por qué vendemos un carrito para bebés por Ebay? —me pregunta JC, abriendo los ojos como platos ante el ordenador.
     Lanzo una mirada reflexiva al frente y me llevo un trozo de pizza a la boca, resignada. Puñetero síndrome de salvemos-a-un-bebé-que-no-existe que está alcanzando niveles de epidemia…




lunes, 28 de septiembre de 2015

¿Qué fue de ...?


Sorprendentemente, JC sigue fiel y leal al lado de Lili, sobrellevando su inclinación a los zapatos, los cojines y el color amarillo. Se rumorea que encabezó un movimiento en internet para que no desapareciese cierto videojuego online que incluyó peticiones, requerimientos, manifestaciones, recogida de firmas, ruegos y lloros, pero que no logró salvar al jueguecito-puñetero-que-hartita-me-tenía de la quema (D.E.P.).

Se murmura que su madre es una de esas nuevas tuiteras que van más allá de la quema del sujetador y han empezado a achicharrar las redes sociales. Feminazis, las llaman. Feminista, se llama ella. Ligeramente perturbada, opina esta que les escribe.

De su padre dicen las malas lenguas que está acabando con las reservas de valeriana de las farmacias del barrio y que está a un paso de entrar en una espiral autodestructiva con toneladas de lexatines y lorazepanes.

Sus hermanas han decidido asumir el reto de colocar el índice de natalidad del país en el primer puesto del ranking mundial y ya van por diez o doce hijos cada una. Que igual son sólo dos o tres, sí, pero prueba a quedarte con ellos una tarde… 

En cuanto a D. Francisco, maestro y mentor de Lili, vive volcando alma y vísceras en su periódico y en su perfil de twitter, que no consigue sumar más de 23 seguidores. Se afirma que el día en que D. Francisco cruce la barrera de los 25 seguidores, el infierno se helará, los cielos caerán sobre nosotros y el apocalipsis estará un paso más cerca. Gracias a Dios, es muy probable que eso no suceda jamás.

Anastasia desapareció durante un par de meses y volvió más estirada que nunca (en todos los sentidos), con una permanente mirada de perplejidad que conjunta de maravilla con su visión cada vez más esnob del mundo.


Y Lili… Se dice que sigue siendo Lili.



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